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Nota aclaratoria sobre la investigación histórica del PLE
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Asociación del Perro Lobo Español (APLE)
OBJETIVO DE ESTA NOTA
La presente nota tiene por objeto aclarar el marco metodológico y epistemológico que sustenta la investigación histórica del Perro Lobo Español (PLE) llevada a cabo, en su momento, hace ya más de un decenio, por la APLE, así como responder a las posibles críticas, desde una perspectiva rigurosa, honesta y autocritica. No pretendemos ocultar las limitaciones de nuestras fuentes, sino explicar por qué esas limitaciones no invalidan la línea de investigación, sino que, a nuestro entender, la contextualizan.
EL PROBLEMA DE LA RAZA COMO CATEGORIA HISTÓRICA
El concepto de raza cerrada es una categorización propia del siglo XX y el principal reproche que se puede hacer es la ausencia de pruebas documentales específicas de una raza diferenciada antes de 1900, cuestión que parte de una premisa anacrónica: no se puede exigir al PLE algo que ningún perro de trabajo rural europeo podía cumplir antes de la cinofilia moderna.
• Inglaterra, 1859: primera exposición canina. El Kennel Club se funda en 1873.
• Alemania, 1899: Max von Stephanitz crea el Pastor Alemán imponiendo un estándar, un registro genealógico y un cierre de sangre.
• España, 1911: la RSCE importa el modelo anglosajón de registro de pedigrees.
Antes de estas fechas, no existía el concepto de “raza cerrada” tal como lo entendemos hoy. Lo que existía eran tipos funcionales: perros definidos no por su pedigree, sino por su trabajo u objetivo.
Si ponemos al Pastor Alemán como paradigma comparativo, hoy en día, nadie niega que existieran perros de pastor en Alemania antes de 1899. Sin embargo, ningún texto previo a esa fecha menciona el pastor alemán como raza, como es obvio, puesto que no existía, lo único que existía era una población regional de perros de trabajo o de pastor de tipo variable: el altdeutsche Schäferhund, el Thüringer Schäferhund, el Württemberger Schäferhund… tipos locales sin estandarización alguna, y probablemente más difusa del lobero que hoy nos ha llegado, y los propios estudios de Stephanitz recogen o apuntan a fuentes históricas tan similares e imprecisas como las que hoy en día podemos encontrar de los perros lupoides en la Península Ibérica. Es más, para esta Asociación era más importante las traducciones que, de las obras naturalistas europeos se hacen en España, que la propia obra original, puesto que es el traductor el que puede denotar la presencia del lobero en España, no el autor original, como también es obvio.
LA MEMORIA COLECTIVA COMO FUENTE HISTÓRICA: EL PRINCIPIO DE LA "NO MEMORIA DE LLEGADA"
En antropología histórica existe un principio metodológico: cuando una comunidad no recuerda la llegada de un elemento cultural, animal o vegetal, pero sí recuerda la llegada de otros, eso es un indicio de arraigo pre-mnemónico, es decir, anterior al horizonte de memoria viva de la comunidad.
En los pueblos de la cornisa cantábrica —Campoo, Cabuérniga, Pas, Valderredible…— la memoria colectiva no registra la llegada del lobero, nadie cuenta que vino de alguna parte o que ese perro apareció en alguna época recordada, que lo trajo un veterinario en los años 40 o que fue un regalo de un señorito de Santander. En los años 80, cuando algunos aficionados y veterinarios de Campoo empiezan a rescatar del peligro real de extinción estos perros ( cuando solo tres o cuatro decenios antes abundantísimos en los pueblos), entonces todavía los más ancianos en los pueblos que recordaban estos perros en casa,que ya les venían de sus padres y abuelos, generaciones que nos podemos remontar a la segunda mitad del siglo XIX. Los más mayores de estos pueblos, en esos años 80-90, en las zonas rurales mencionadas, nacidos en el primer cuarto de siglo XX, dan ese perro por el perro de siempre, (denominado lobero en algunas zonas, perro lobo en otras, o lobo por acortar en otros pueblos), como perro del país, de los de siempre, como el mastín u otros. El perro es coetáneo al paisaje y los abuelos de entonces, en su memoria, lo ven ya casa de padres y abuelos, como perro de cadena, perro de guarda, perro de puerta.
Y esto contrasta radicalmente con el pastor alemán y otras razas que fueron llegadas en oleadas de moda, que sí era reconocido como perro forastero, extraño, nuevo y, por supuesto, como todo lo que es de fuera en este país: admirado y considerado como mejor. La llegada a los pueblos españoles de estas razas sí está documentada mnemónicamente. La ausencia de memoria de llegada no es ausencia de prueba: es prueba de arraigo.
LAS FUENTES DOCUMENTALES: LO QUE TENEMOS Y LO QUE NO TENEMOS
1. Fuentes que SÍ tenemos
Gabriel Alonso de Herrera, Libro de Agricultura, 1513.
Primera mención escrita de “perro lobo” en literatura en español. Aunque el texto es un topo literario grecolatino, recoge la tradición oral rural, exactamente la misma que se aplica al lobero nuestro y que probablemente se haya aplicado a otros perros de capa lupoides de Europa. Una tradición oral que llega hasta nuestros días y que sigue repitiéndose hoy en día en el campo y creyendo firmemente en ella, pese a la negación científica.
Juan de Arfe y Villafañe (ed. ampliada de 1806) 1585/1806
Descripción morfológica: hocico puntiagudo, orejas derechas, instinto pastoril. Coincide con el fenotipo actual.
Diario Constitucional de Palma 1837
Primer aviso por pérdida de un “perro lobo” en prensa española.
Tratados del ganado lanar (anónimo, Madrid) 1867
Cita explícita: “El perro-lobo que puede servir lo mismo para custodiar la casa que para guardar un ganado.”
Fotografías de Campoo-Cabuérniga Finales del XIX–1970
Presencia morfológicamente consistente de perros de tipo lupoide en Cantabria.
Catálogos de Perreras Castellanas 1940–1960
Diferenciación comercial entre “Lobo del País” y “Lobo Policía Alemán”.
Estudio genético de Doadrio (CSIC)
En curso 400 muestras, 25 razas. Según datos preliminares, el PLE se separa genéticamente del Pastor Alemán.
2. Fuentes que NO tenemos (y por qué eso no nos invalida)
• Genealogías cerradas pre-1900: no existían porque el concepto de pedigree no existía.
• Menciones explícitas del “lobero cántabro” en prensa regional antes de 1950: la prensa rural no era un catálogo zootécnico. Los perros de trabajo, etnicamente abiertos, no eran noticia.
• Ilustraciones zootécnicas españolas originales: la industria editorial española del siglo XIX reciclaba masivamente grabados extranjeros (británicos, franceses) y les añadía textos propios. Esto no es un defecto: es una práctica documentada.
A este respecto, la ilustración “Perros de Pastor: El Español”, que la APLE publica, es una ilustración del siglo XIX con el pie: “PERROS DE PASTOR: EL ESPAÑOL” “El típico perro de pastor de nuestra Patria tiene algo del lobo, del mastín y del perro común, y es guarda incomparable.”
Aclaramos su estado:
• El grabado base es británico: procede de The Naturalist’s Library de Sir William Jardine, publicado en Edimburgo por W.H. Lizars, c. 1840. El título original es “THE SHEPHERD’S, OR COLLIE DOG”. Representa un collie escocés.
• El texto español es una adaptación posterior: no es una traducción del inglés. El original de Jardine describe un perro de ovejas escocés. El texto español describe un perro de pastor español “medio lobo, medio mastín, guardián incomparable”. El redactor español estaba describiendo un perro español, bajo la ilustración extranjera, por su parecido con el local y que encaja perfectamente en la morfología y utilidad del lobero.
La fuente española exacta está en proceso de identificación: fue localizada por miembros de la APLE en 2014, en fondos digitales (probablemente Hemeroteca Digital de la BNE o Google Books) pero no se ha logrado reencontrar. La APLE es transparente sobre esta limitación, pero en ningún momento es recreación o falsificación alguna, y ruega, si alguien la encuentra, nos la identifique.
¿Por qué seguimos considerándola relevante?
Porque ilustra una práctica editorial sistemática en el siglo XIX: la reutilización de grabados extranjeros con textos autóctonos adaptados. Esta práctica está documentada en casos como: - Gustavo Gili Roig comprando derechos de grabados a Armand Colin (Francia) en 1902. - Montaner y Simón adaptando ilustraciones de Gustave Doré para textos de José Zorrilla. - La prensa ilustrada española importando clisés de Europa para abaratar costes.
El valor de la ilustración no está en el animal dibujado (que es escocés), sino en el texto español añadido, que documenta que en España del siglo XIX se reconocía un tipo de perro pastor grande, alobado, guardián, distinto del mastín y del perro común.
SOBRE LAS CRÍTICAS RECIBIDAS
Las críticas que recibimos, muchas de ellas son técnicamente correctas, pero
epistemológicamente asimétricas. Aplicar críticas con demasiado rigor cinófilo actual al lobero, creemos que no es justo, puesto que la misma documentación histórica imprecisa y previa de la que partió esta asociación es la que tenía Max von Stephanitz, con la diferencia que el fue catalogando algunos perros de pastor de tipo lupoide en Alemania y lo recogió y fotografió un siglo antes, y nadie duda de la existencia de esos perros de capa lupoide en Alemania previo a la estandarización de la raza, aunque al igual que el lobero, previamente no estuviesen recogidos ni reconocidos.
Por otra parte, que el término ‘perro lobo’ en la prensa de 1900-1930 se refiere al pastor alemán, claro que es cierto en muchos casos, pero la sinonimia demuestra que “perro lobo” era un tipo morfológico reconocible, no una marca registrada del pastor alemán. La prensa, nacional o regional, bajo la mirada de un redactor, no contempla bien a los perros de trabajo o de pastor, pues no están bien definidos y muchas veces entremezclados entre ellos, y la ausencia de archivo no es prueba de ausencia en campo.
LA GENÉTICA COMO PRUEBA
La historia documental, por muy exhaustiva que sea, no puede zanjar el debate porque el concepto de “raza” no era operativo antes de 1900. La genética de poblaciones es la única herramienta que puede:
1. Determinar si la población actual de PLE constituye un cluster genético diferenciado del pastor alemán, el belga, el holandés y el Can de Palleiro.
2. Estimar la proporción de ancestro de cada raza en el genoma del lobero.
3. Detectar introgresión reciente (últimos 50 años) de pastor alemán o de perro lobo checoslovaco.
4. Calcular la diversidad genética y el tamaño efectivo de la población.
Según los datos preliminares del estudio de Doadrio (CSIC), el PLE se separa genéticamente de todas las razas comparadas, incluido el pastor alemán, y presenta una diversidad genética (HEXP ≈ 0,705) superior a la del propio pastor alemán (≈ 0,608).
Pero hay un problema epistemológico, somos conscientes: el estudio no ha sido publicado aún en revista indexada con revisión por pares. Hasta que no lo sea, la comunidad científica no puede replicar los análisis ni verificar los valores de FST. La APLE es consciente de esta limitación y trabaja para superarla.
CONCLUSIÓN: UNA RETROSPECTIVA HONESTA
La investigación histórica del PLE lo que aspira es a afirmar:
1. Existió una población de perros de tipo lupoide en la Cornisa Cantábria y resto de la Península Ibérica, utilizada para la guarda de la casa y ayuda auxiliar en el hogar campesino, entre otras cosas, pero no exclusivamente, el arreo de ganado mayor (también cuidaba el gallinero por las noches, defendía la casa de extraños, recogía el ganado menor y mayor, seguía rastro de caza, etc)
2. Esa población era reconocida por los campesinos como distinta funcionalmente del mastín, del podenco y demás razas tipificadas en el país, y, por supuesto, de las razas importadas que fueron llegando a los pueblos en oleadas sucesivas, y casi siempre con una latencia de demora de decenios frente a las modas urbanas.
3. Su arraigo es pre-mnemónico: la memoria colectiva no registra su llegada, solo su presencia.
4. La documentación escrita es fragmentaria y polisémica, como lo es para todos los perros de trabajo rural europeos previos a 1900.
5. La genética de poblaciones será la prueba decisiva de su diferenciación como grupo étnico canino.
Hacemos, en definitiva, lo que hizo Stephanitz con el pastor alemán en 1899: una retrospectiva. Stephanitz miró hacia atrás, seleccionó ejemplares de una población rural no estandarizada, y le dio nombre, estándar y pedigree, solo que, un siglo después, con la honestidad de reconocer que nuestras fuentes son incompletas, pero la firmeza de sostener que la incompletitud de la documentación no es prueba de la inexistencia del perro.
El Perro Lobo Español no necesita permiso de la historia documental para existir y su conservación queremos que pase, no por el estrechamiento genético o la exactitud de morfológica y de capa, no, sino por una visión más tradicional, más abierta, con una funcionalidad clara y dentro de la versatilidad con la que se le crio y seleccionó, pues no era para ganado, que también, si era menester, era el perro de casa, de cadena, de puerta, el que defendía, avisaba, custodiaba por la noche, ladrador, apegado al amo pero resolutivo, rústico, de salud fuerte, de inteligencia rápida y de aprendizaje por imitación más que por orden.
Asociación del Perro Lobo Español (APLE) Foro de Historia del Perro Lobo Español
OBJETIVO DE ESTA NOTA
La presente nota tiene por objeto aclarar el marco metodológico y epistemológico que sustenta la investigación histórica del Perro Lobo Español (PLE) llevada a cabo, en su momento, hace ya más de un decenio, por la APLE, así como responder a las posibles críticas, desde una perspectiva rigurosa, honesta y autocritica. No pretendemos ocultar las limitaciones de nuestras fuentes, sino explicar por qué esas limitaciones no invalidan la línea de investigación, sino que, a nuestro entender, la contextualizan.
EL PROBLEMA DE LA RAZA COMO CATEGORIA HISTÓRICA
El concepto de raza cerrada es una categorización propia del siglo XX y el principal reproche que se puede hacer es la ausencia de pruebas documentales específicas de una raza diferenciada antes de 1900, cuestión que parte de una premisa anacrónica: no se puede exigir al PLE algo que ningún perro de trabajo rural europeo podía cumplir antes de la cinofilia moderna.
• Inglaterra, 1859: primera exposición canina. El Kennel Club se funda en 1873.
• Alemania, 1899: Max von Stephanitz crea el Pastor Alemán imponiendo un estándar, un registro genealógico y un cierre de sangre.
• España, 1911: la RSCE importa el modelo anglosajón de registro de pedigrees.
Antes de estas fechas, no existía el concepto de “raza cerrada” tal como lo entendemos hoy. Lo que existía eran tipos funcionales: perros definidos no por su pedigree, sino por su trabajo u objetivo.
Si ponemos al Pastor Alemán como paradigma comparativo, hoy en día, nadie niega que existieran perros de pastor en Alemania antes de 1899. Sin embargo, ningún texto previo a esa fecha menciona el pastor alemán como raza, como es obvio, puesto que no existía, lo único que existía era una población regional de perros de trabajo o de pastor de tipo variable: el altdeutsche Schäferhund, el Thüringer Schäferhund, el Württemberger Schäferhund… tipos locales sin estandarización alguna, y probablemente más difusa del lobero que hoy nos ha llegado, y los propios estudios de Stephanitz recogen o apuntan a fuentes históricas tan similares e imprecisas como las que hoy en día podemos encontrar de los perros lupoides en la Península Ibérica. Es más, para esta Asociación era más importante las traducciones que, de las obras naturalistas europeos se hacen en España, que la propia obra original, puesto que es el traductor el que puede denotar la presencia del lobero en España, no el autor original, como también es obvio.
LA MEMORIA COLECTIVA COMO FUENTE HISTÓRICA: EL PRINCIPIO DE LA "NO MEMORIA DE LLEGADA"
En antropología histórica existe un principio metodológico: cuando una comunidad no recuerda la llegada de un elemento cultural, animal o vegetal, pero sí recuerda la llegada de otros, eso es un indicio de arraigo pre-mnemónico, es decir, anterior al horizonte de memoria viva de la comunidad.
En los pueblos de la cornisa cantábrica —Campoo, Cabuérniga, Pas, Valderredible…— la memoria colectiva no registra la llegada del lobero, nadie cuenta que vino de alguna parte o que ese perro apareció en alguna época recordada, que lo trajo un veterinario en los años 40 o que fue un regalo de un señorito de Santander. En los años 80, cuando algunos aficionados y veterinarios de Campoo empiezan a rescatar del peligro real de extinción estos perros ( cuando solo tres o cuatro decenios antes abundantísimos en los pueblos), entonces todavía los más ancianos en los pueblos que recordaban estos perros en casa,que ya les venían de sus padres y abuelos, generaciones que nos podemos remontar a la segunda mitad del siglo XIX. Los más mayores de estos pueblos, en esos años 80-90, en las zonas rurales mencionadas, nacidos en el primer cuarto de siglo XX, dan ese perro por el perro de siempre, (denominado lobero en algunas zonas, perro lobo en otras, o lobo por acortar en otros pueblos), como perro del país, de los de siempre, como el mastín u otros. El perro es coetáneo al paisaje y los abuelos de entonces, en su memoria, lo ven ya casa de padres y abuelos, como perro de cadena, perro de guarda, perro de puerta.
Y esto contrasta radicalmente con el pastor alemán y otras razas que fueron llegadas en oleadas de moda, que sí era reconocido como perro forastero, extraño, nuevo y, por supuesto, como todo lo que es de fuera en este país: admirado y considerado como mejor. La llegada a los pueblos españoles de estas razas sí está documentada mnemónicamente. La ausencia de memoria de llegada no es ausencia de prueba: es prueba de arraigo.
LAS FUENTES DOCUMENTALES: LO QUE TENEMOS Y LO QUE NO TENEMOS
1. Fuentes que SÍ tenemos
Gabriel Alonso de Herrera, Libro de Agricultura, 1513.
Primera mención escrita de “perro lobo” en literatura en español. Aunque el texto es un topo literario grecolatino, recoge la tradición oral rural, exactamente la misma que se aplica al lobero nuestro y que probablemente se haya aplicado a otros perros de capa lupoides de Europa. Una tradición oral que llega hasta nuestros días y que sigue repitiéndose hoy en día en el campo y creyendo firmemente en ella, pese a la negación científica.
Juan de Arfe y Villafañe (ed. ampliada de 1806) 1585/1806
Descripción morfológica: hocico puntiagudo, orejas derechas, instinto pastoril. Coincide con el fenotipo actual.
Diario Constitucional de Palma 1837
Primer aviso por pérdida de un “perro lobo” en prensa española.
Tratados del ganado lanar (anónimo, Madrid) 1867
Cita explícita: “El perro-lobo que puede servir lo mismo para custodiar la casa que para guardar un ganado.”
Fotografías de Campoo-Cabuérniga Finales del XIX–1970
Presencia morfológicamente consistente de perros de tipo lupoide en Cantabria.
Catálogos de Perreras Castellanas 1940–1960
Diferenciación comercial entre “Lobo del País” y “Lobo Policía Alemán”.
Estudio genético de Doadrio (CSIC)
En curso 400 muestras, 25 razas. Según datos preliminares, el PLE se separa genéticamente del Pastor Alemán.
2. Fuentes que NO tenemos (y por qué eso no nos invalida)
• Genealogías cerradas pre-1900: no existían porque el concepto de pedigree no existía.
• Menciones explícitas del “lobero cántabro” en prensa regional antes de 1950: la prensa rural no era un catálogo zootécnico. Los perros de trabajo, etnicamente abiertos, no eran noticia.
• Ilustraciones zootécnicas españolas originales: la industria editorial española del siglo XIX reciclaba masivamente grabados extranjeros (británicos, franceses) y les añadía textos propios. Esto no es un defecto: es una práctica documentada.
A este respecto, la ilustración “Perros de Pastor: El Español”, que la APLE publica, es una ilustración del siglo XIX con el pie: “PERROS DE PASTOR: EL ESPAÑOL” “El típico perro de pastor de nuestra Patria tiene algo del lobo, del mastín y del perro común, y es guarda incomparable.”
Aclaramos su estado:
• El grabado base es británico: procede de The Naturalist’s Library de Sir William Jardine, publicado en Edimburgo por W.H. Lizars, c. 1840. El título original es “THE SHEPHERD’S, OR COLLIE DOG”. Representa un collie escocés.
• El texto español es una adaptación posterior: no es una traducción del inglés. El original de Jardine describe un perro de ovejas escocés. El texto español describe un perro de pastor español “medio lobo, medio mastín, guardián incomparable”. El redactor español estaba describiendo un perro español, bajo la ilustración extranjera, por su parecido con el local y que encaja perfectamente en la morfología y utilidad del lobero.
La fuente española exacta está en proceso de identificación: fue localizada por miembros de la APLE en 2014, en fondos digitales (probablemente Hemeroteca Digital de la BNE o Google Books) pero no se ha logrado reencontrar. La APLE es transparente sobre esta limitación, pero en ningún momento es recreación o falsificación alguna, y ruega, si alguien la encuentra, nos la identifique.
¿Por qué seguimos considerándola relevante?
Porque ilustra una práctica editorial sistemática en el siglo XIX: la reutilización de grabados extranjeros con textos autóctonos adaptados. Esta práctica está documentada en casos como: - Gustavo Gili Roig comprando derechos de grabados a Armand Colin (Francia) en 1902. - Montaner y Simón adaptando ilustraciones de Gustave Doré para textos de José Zorrilla. - La prensa ilustrada española importando clisés de Europa para abaratar costes.
El valor de la ilustración no está en el animal dibujado (que es escocés), sino en el texto español añadido, que documenta que en España del siglo XIX se reconocía un tipo de perro pastor grande, alobado, guardián, distinto del mastín y del perro común.
SOBRE LAS CRÍTICAS RECIBIDAS
Las críticas que recibimos, muchas de ellas son técnicamente correctas, pero
epistemológicamente asimétricas. Aplicar críticas con demasiado rigor cinófilo actual al lobero, creemos que no es justo, puesto que la misma documentación histórica imprecisa y previa de la que partió esta asociación es la que tenía Max von Stephanitz, con la diferencia que el fue catalogando algunos perros de pastor de tipo lupoide en Alemania y lo recogió y fotografió un siglo antes, y nadie duda de la existencia de esos perros de capa lupoide en Alemania previo a la estandarización de la raza, aunque al igual que el lobero, previamente no estuviesen recogidos ni reconocidos.
Por otra parte, que el término ‘perro lobo’ en la prensa de 1900-1930 se refiere al pastor alemán, claro que es cierto en muchos casos, pero la sinonimia demuestra que “perro lobo” era un tipo morfológico reconocible, no una marca registrada del pastor alemán. La prensa, nacional o regional, bajo la mirada de un redactor, no contempla bien a los perros de trabajo o de pastor, pues no están bien definidos y muchas veces entremezclados entre ellos, y la ausencia de archivo no es prueba de ausencia en campo.
LA GENÉTICA COMO PRUEBA
La historia documental, por muy exhaustiva que sea, no puede zanjar el debate porque el concepto de “raza” no era operativo antes de 1900. La genética de poblaciones es la única herramienta que puede:
1. Determinar si la población actual de PLE constituye un cluster genético diferenciado del pastor alemán, el belga, el holandés y el Can de Palleiro.
2. Estimar la proporción de ancestro de cada raza en el genoma del lobero.
3. Detectar introgresión reciente (últimos 50 años) de pastor alemán o de perro lobo checoslovaco.
4. Calcular la diversidad genética y el tamaño efectivo de la población.
Según los datos preliminares del estudio de Doadrio (CSIC), el PLE se separa genéticamente de todas las razas comparadas, incluido el pastor alemán, y presenta una diversidad genética (HEXP ≈ 0,705) superior a la del propio pastor alemán (≈ 0,608).
Pero hay un problema epistemológico, somos conscientes: el estudio no ha sido publicado aún en revista indexada con revisión por pares. Hasta que no lo sea, la comunidad científica no puede replicar los análisis ni verificar los valores de FST. La APLE es consciente de esta limitación y trabaja para superarla.
CONCLUSIÓN: UNA RETROSPECTIVA HONESTA
La investigación histórica del PLE lo que aspira es a afirmar:
1. Existió una población de perros de tipo lupoide en la Cornisa Cantábria y resto de la Península Ibérica, utilizada para la guarda de la casa y ayuda auxiliar en el hogar campesino, entre otras cosas, pero no exclusivamente, el arreo de ganado mayor (también cuidaba el gallinero por las noches, defendía la casa de extraños, recogía el ganado menor y mayor, seguía rastro de caza, etc)
2. Esa población era reconocida por los campesinos como distinta funcionalmente del mastín, del podenco y demás razas tipificadas en el país, y, por supuesto, de las razas importadas que fueron llegando a los pueblos en oleadas sucesivas, y casi siempre con una latencia de demora de decenios frente a las modas urbanas.
3. Su arraigo es pre-mnemónico: la memoria colectiva no registra su llegada, solo su presencia.
4. La documentación escrita es fragmentaria y polisémica, como lo es para todos los perros de trabajo rural europeos previos a 1900.
5. La genética de poblaciones será la prueba decisiva de su diferenciación como grupo étnico canino.
Hacemos, en definitiva, lo que hizo Stephanitz con el pastor alemán en 1899: una retrospectiva. Stephanitz miró hacia atrás, seleccionó ejemplares de una población rural no estandarizada, y le dio nombre, estándar y pedigree, solo que, un siglo después, con la honestidad de reconocer que nuestras fuentes son incompletas, pero la firmeza de sostener que la incompletitud de la documentación no es prueba de la inexistencia del perro.
El Perro Lobo Español no necesita permiso de la historia documental para existir y su conservación queremos que pase, no por el estrechamiento genético o la exactitud de morfológica y de capa, no, sino por una visión más tradicional, más abierta, con una funcionalidad clara y dentro de la versatilidad con la que se le crio y seleccionó, pues no era para ganado, que también, si era menester, era el perro de casa, de cadena, de puerta, el que defendía, avisaba, custodiaba por la noche, ladrador, apegado al amo pero resolutivo, rústico, de salud fuerte, de inteligencia rápida y de aprendizaje por imitación más que por orden.
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